Una mujer se enfrenta a cárcel por no dejar que su maltratador vea a su hija y por acusarle de abusar de la menor

Susana Guerrero lleva cuatro años sin dejar que su hija de 12 años esté con su padre biológico, condenado en firme por violencia de género en 2008 a seis meses de cárcel. No quiere, según sostiene, que siga abusando sexualmente de la menor como asegura que este mismo hombre hizo con ella cuando apenas era una niña y la acogió junto a su esposa en su casa. Susana, que ahora tiene 30 años y se quedó embarazada con solo 17, se enfrenta a una petición de tres años de cárcel por parte de la Fiscalía por incumplimiento del régimen de visitas y por presunta “denuncia falsa” de abusos sexuales contra el progenitor, al que califica de “depredador sexual”.

El juicio por la presunta denuncia falsa se ha celebrado este jueves en Talavera de la Reina, en Toledo, con Susana en el banquillo de los acusados y con una petición de dos años de cárcel por parte del Ministerio Público. La vista por el presunto delito de desobediencia por el régimen de visitas se celebrará en verano y en él el fiscal pide un año más de prisión.

Miembros de más de un centenar de organizaciones y colectivos feministas, entre los que se encuentra IU Talavera y la Asociación Ve-la Luz, han acudido este jueves a los juzgados para “gritar ante la indefensión que sufre la mujer e infancia en procesos de violencia machista” dentro de la campaña #hablemosporella. El objetivo era apoyar a Susana y su hija, que estaba llamada a declarar como testigo.

“Hoy se decide mi libertad y lo único que reivindicaré siempre es que soy inocente y que se protege a un depredador que abusó de mí durante más de ocho años de mi vida”, ha manifestado a los medios antes de declarar, según informa Europa Press.

No es, sin embargo, la primera vez que Guerrero se sienta en el banquillo por denuncia falsa. Un juzgado de Talavera la condenó por este delito en 2016 a pagar 5.100 euros en concepto de multa e indemnización por denunciar a la esposa del padre de su hija por malos tratos a la pequeña. Susana ha sostenido siempre que ella no fue la que interpuso la denuncia sino que fue la abuela materna de la niña.

Una “huella psíquica compatible con las situaciones de abuso sexual”

Guerrero ha denunciado los presuntos abusos sexuales a su hija con varios informes, entre ellos, uno firmado por un psiquiatra y un psicólogo forenses de Gran Canaria que concluyen que la “huella psíquica” de la pequeña “es compatible con las situaciones de abuso sexual” y que tiene “un menoscabo del 36% en la salud”.

Sin embargo, la jueza del Juzgado de Primera Instancia e Instrucción número 5 de Talavera de la Reina archivó el caso en junio de 2017 al tener en cuenta otro informe de otro psicólogo forense del Instituto de Medicina Legal de Toledo que hablaba de la existencia del síndrome de alienación parental (SAP) a pesar de no estar reconocido científicamente -como recuerda el CGPJ a los jueces en su guía sobre violencia de género- y que sostiene que la mujer puede manipular al hijo o hija para que rechace al padre.

De las “evidentes contradicciones” entre ambos informes, argumenta la jueza en el auto consultado por RTVE.es, “surge la duda acerca de la veracidad de lo denunciado, así como si lo manifestado por la menor se ajusta a la realidad o por el contrario es fruto de su imaginación”.

El SAP ya le costó la custodia de la niña aunque el Supremo lo corrigió

Este mismo juzgado de Talavera ya le quitó la custodia de la niña en mayo de 2015 para dársela al padre basándose en el mismo informe que concluía que había SAP. Una decisión que revocó después la Audiencia de Toledo en 2016, cuestionando que la decisión se basara en este “muy discutido” síndrome y subrayando que “no es irrelevante que exista una condena por malos tratos” del padre, como también subrayó el Tribunal Supremo en mayo pasado, devolviendo a Susana la custodia.

“Este informe [sobre el SAP] que hizo el perito reuniéndose 9 minutos de reloj con mi hija le sirvió para quitarme la custodia por lo civil y ahora lo usan por la vía penal”, explica Guerrero a RTVE.es. “El agresor sexual que ha destrozado mi infancia me ha sentado en el banquillo y es el testigo que llama la Fiscalía que me va a llevar a la cárcel”, se lamenta al otro lado del teléfono.

Susana se refiere a los presuntos abusos que ella también sufrió por parte del padre de su hija. Huyendo de los malos tratos que le infligía su madre y con apenas 13 años, conoció a un matrimonio que le ofreció quedarse en su casa. Le daban comida, ropa y regalos y llegaron a trasladar a servicios sociales que querían acogerla. “La situación era bastante idílica, para mí era como mi padre. Cumplían lo que yo no tenía”, explica.

Un informe habla de presunto abuso sexual a Susana con 15 años

Los problemas aparecieron cuando él, que tenía entonces 34 años, comenzó a abusar sexualmente de ella, según su relato. La Policía acabó denunciándole de oficio cuando ella tenía 15 años después de tomarle declaración y tras la existencia de un informe médico del hospital de Talavera, fechado en febrero de 2002, que hablaba de presunto abuso sexual, himen no íntegro y lesiones en la pared vaginal.

Él ingresó dos meses en prisión provisional y a ella la metieron en el primero de una larga lista de centros de menores empezando lo que ella llama su “maltrato institucional”, según relata. Guerrero explica que una vez en libertad él encontraba siempre la manera de saber dónde estaba y la “secuestraba” durante meses porque la tenía completamente manipulada como víctima. Cuando llegó el juicio lo negó todo y él fue absuelto “a pesar de que existían informes de los abusos”, subraya esta mujer.

A los 16 años, Susana ya no puede estar en los centros de menores y él consigue que se vaya a vivir con él en un momento en el que se separa de su esposa, según explica. “Ejerció conmigo todos los roles, el de amigo, tío y novio cuando él estaba casado”, explica esta mujer que insiste en que no se hable de él como su pareja.

A los 17 años se queda embarazada y comienzan los malos tratos físicos. En 2008, él es condenado en firme a seis meses de cárcel por violencia de género por haberla golpeado con una maza de madera en la cabeza.

La huida de Susana con su hija

Es entonces cuando Susana Guerrero intenta rehacer su vida lejos de su maltratador y presunto agresor sexual. Cambia de ciudad en busca de trabajo y acaba viviendo en Gran Canaria. Ella tiene la custodia de la niña, pero la pequeña pasa fines de semana alternos con su padre y detecta que algo no va bien.

Es precisamente una pediatra canaria la que sospecha de abusos sexuales y denuncia el caso ante la justicia por primera vez. En ese informe recoge como la niña explica que el padre llevaba “dos años obligando a la niña a la fuerza a verle mientras se duchaba” o como comenta que “también quería que le tocara el pene erecto”.

“Yo he llegado a identificar lo qué me pasó a mí cuando mi hija me empieza a contar lo que hacía con ella. Es un depredador sexual, un pederasta”, explica Guerrero, que con 27 años volvió a denunciar al padre de su hija por los presuntos abusos que ella también sufrió. Lo hizo en la misma denuncia, pero la jueza lo archivó todo sin explicar en su caso los motivos, aduce. “Me siento más maltratada por las instituciones que por él, que está completamente protegido”, afirma.